Una cita imperdible con la música Preta Brasileira

09/05/2019 Ana María Trujillo
Liniker e os Caramelows @ Chilli Beans • Dia 6 • 13/05/2017 Fotos: Mídia NINJA (CC-BY-SA 4.0) Flickr
Por: Ana Trujillo

Estos son los tiempos que nos han tocado en suerte. Los vaivenes de la ultraderecha y unas bocanadas de aire progre. La democratización del conocimiento y el ahogo en los excesos de información. En medio de las miles de vorágines de todo lo que pasa en el mundo, una decisión primaria: escoger a cuál te entregas. Alguien en algún lugar remoto está haciendo algo que resonará en ti, y nunca había sido tan fácil encontrarlo ¿no es eso un oasis suficiente?

No siempre. Pero mientras esquivo vallas políticas y declaraciones de guerra y opiniones desencantadas y me resisto al estado de alarma generalizado, no puedo dejar de atribuirle algo mágico y balsámico y simbólico a lo que habrá de suceder el sábado 14 de septiembre en Bucaramanga, puertas adentro del Teatro Santander.

La primera causalidad que me da vida es que yo no sabía que esto iba a pasar y una amiga me lo anunció de una manera muy bella. Llevo unas semanas promoviendo en redes una meditación para un corazón tranquilo, y ella me mandó una canción que dice, en cadencioso y sensual portugués, trancuilo, corazao trancuilo. Pues qué justa, qué bella; la escucho una y otra vez y me lanzo en la expedición y descubro que esa voz maravillosa no podía ser de un ser humano más que excepcional, que me flechó instantáneamente tan pronto lo vi. Se llama Liniker Barros, cierra los ojos, mueve la cadera y los hombros y sonríe mientras canta, a veces lleva barba y también faldas y aretes y vestidos. “-¿Es un chico o una chica?”, me preguntaron, se preguntarán tantos. “Es no-binario”, respondí, mientras pensaba que eso no importa aunque sí que importa, y tanto… en este contexto, en estos tiempos que nos han tocado en suerte, hay que hacer el ejercicio de celebrar a quienes osan ser auténticamente sí mismos.

En esto de fiscalizar y desvivirse por juzgar Bucaramanga es legendaria. Aunque se jacta de su espíritu “liberal”, es francamente lamentable lo enquistada que está en las cárceles de la represión conservadora, en la mirada maliciosa sobre la vida ajena, en ese regodearse en el carácter violento y depredador. Alguna vez, en una conversación entre artistas vieja guardia, escuché un rumor que bien podría entrar a la mitología de la cultura en la ciudad; si alguna vez hubo una promesa de progreso, apertura, potencial creativo, todo fue boicoteado por un acuerdo de la “clase dirigente” bloqueando la entrada de libros, espectáculos y otros contenidos y prácticas artísticas de vanguardia.  No lo sé, no me consta; pero ni han faltado los actos públicos de censura ni la teoría desentona con la realidad de una escena artística largo tiempo desarticulada y ensimismada, de la que cualquier gestor o creativo local puede hablar largo y tendido. Eso, hace unos años, está cambiando. Eso nos repetimos y en eso confiamos. Generaciones que salieron despavoridas a buscar otros horizontes porque acá “no pasaba nada” han optado por volver, un nuevo ánimo de colaboración y gestión hace brotar nuevos proyectos y espacios independientes, y hasta el tanto tiempo abandonado Teatro Santander se renueva como desatrasándose y siguiéndole el ritmo vertiginoso a este terruño tan industrial. Su programación, en menos de 5 meses de reapertura, es una alternativa digna y a la altura de quienes buscamos más remansos, más grietas, más espacios para sembrar otra cosa.

Liniker e os Caramelows @ Chilli Beans • Dia 6 • 13/05/2017
Fotos: Mídia NINJA (CC-BY-SA 4.0)

Por eso me emociona ver a Liniker y su banda, Os Caramelows… en Bucaramanga. Porque ahora más que nunca necesitamos encontrarnos y reconocer y celebrar la belleza del mundo, la diversidad del mundo. Pocas cosas como la música en vivo tienen ese magnetismo, ese poder de conmoción y comunicación tan sublime y tan profundo. Además de esa presencia reivindicativa de Liniker –quien al parecer se reconoce como mujer trans pero qué importa acomodarla en una categoría cualquiera–, de su voz que es dulzura y deseo y fervor y alma, pura alma, está ese ensamble trepidante y perfecto de vientos y percusiones y cuerdas, armonías, ritmos, años de esa magia con la que los afrodescendientes legaron su dolor y su historia en ondas sonoras que llamamos Soul o samba o funk tropical, está Brasil, ese gigante que se entiende a medias con sus vecinos en la lengua corriente pero en compensación tiene formas y sabores y cadencias que son seducción pura, y le sobran. Las canciones de Liniker hablan, casi siempre, del amor, aunque ella confiesa que las escribe desde el anhelo de algo que no atina a sucederle. Un amor que no es de poeta decimonónico sino construido sobre escenas cotidianas. Un amor en el cual reconocerse, remedando una lengua que nos obliga a suavizar un poco nuestras maneras, a bajar la guardia, a soltar el cuerpo. Quizá algo de esa magia sirva de conjuro, quizá podamos empezar a naturalizar que no hay nada más normal que lo diferente. Es en realidad más sensato aceptar que nos quedan aún muchos años de desyerbar machismos, racismos, clasismos y sus derivados de estas tierras rojas y amarillas. Pero no nos perdamos las bocanadas, no descuidemos las ocasiones de alzarnos en almas.

Contágiate de la magia pura de Liniker e os Caramelows, ejercita tu portuñol y hazte con tiempo a tu boleta. Estos son los remansos de magia y poesía que nos han tocado en suerte.

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