Un Ashanti en Bucaramanga

29 septiembre, 2020 Ramón Emilio Marulanda
Por: Ramón Emilio Marulanda

Me pasaba una noche por la sede del Bienestar Estudiantil de la UIS y vi una mesa que, al parecer, se encontraba ocupada sin ningún individuo habitándola. No obstante, había algunas pertenencias sobre una de las sillas, y sin meditarlo demasiado, decidí sentarme ya que no encontraba más mesas vacías en dicho lugar. Solía frecuentar la locación antes de la cuarentena, allí me agradaba observar la vida estudiantil, contemplar su entorno lleno de ocupaciones, así como diverso en relaciones sociales y culturales, las cuales son ciertamente particulares en ese sector de la Universidad. Mientras me acomodaba, me detuve a pensar en cómo los mismos estudiantes habían tomado un espacio en el que convergen el interés académico y, a su vez, el esparcimiento; un lugar en el que podían expresarse libremente junto a los suyos sin ser tachados de nada (al menos por los que estaban allí), siendo esta una zona franca en la que ellos recibían una especie de protección, pues varias de sus actividades se tornan complicadas en otros espacios públicos de la ciudad (a pesar de ser esta una universidad pública, cosa que incluso me recordaba a mis días universitarios en una facultad estatal de un país con mayor desarrollo en torno a la educación que este). De repente, alguien tocó mi hombro. Di la vuelta y vi a Shadrack por primera vez. Un hombre grande con rasgos de otro continente sin presencia de mestizaje visible, intentó pronunciar unas palabras en español y me di cuenta de que no lo dominaba. En algunos de mis viajes me había topado con sujetos de rasgos similares que dominaban el inglés, así que decidí preguntarle si hablaba inglés, a lo que me respondió que sí. Shadrack es profesor de inglés, un Ashanti proveniente de Ghana que se encontraba trabajando en algunos institutos de la ciudad, no había llegado hace mucho a Bucaramanga, para entonces solo llevaba una semana, apenas se estaba asentando y se encontraba rentando una habitación en un reconocido e incluso polémico hostel local, en el cual tuvo una serie de inconvenientes que lo llevaron a rentar un apartamento que le ayudé a conseguir semanas después. 

Estas fotografías las realicé durante una tarde en dicho apartamento mientras él se comunicaba en el dialecto twi con algún familiar, una charla que tuvo varios momentos dramáticos, al menos así pude notarlo desde mi perspectiva pues, según él, todos los africanos hablan con carácter fuerte, que era algo común en ellos y que mejor me acostumbrara a ello cuando me encontraba junto a él. A pesar de eso, nunca le hice caso. Sabía muy bien al respecto de las situaciones que se encontraba pasando, como un extranjero que había viajado desde muy lejos, cruzando el mar, buscando un mejor futuro para él y para su familia, ya que esta dependía de él. Alguna vez de cierta manera también fui ese extranjero en diferentes países del sur de este continente, así que, en ese sentido, la empatía era imprescindible. Días después, en medio de la cuarentena, Shadrack se fue de la ciudad. No pudo resistir ni surtir más la escasez laboral y los gastos que se le venían encima.

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