Teletrabajo

Por: Johanna Carolina Peñaranda Hernández

Hay peligro adentro y afuera en más de un sentido. Aislada de las distracciones, me encuentro de cara con los deberes, interminables, insaciables, infinitos. “Qué fácil trabajar desde casa”, con la angustia a la mano.

El canto de los pájaros se convirtió en el sonido de los ambulantes, que vagan porque no pueden teletrabajar como yo. Qué afortunada es mi alma en comparación con las otras. “Aguacates, peto, papa criolla, guanábana”, los megáfonos batallan para sonar más duro. Luego los mariachis, cantantes de baladas, grupos vallenatos; un concierto sin fin que me enseñó a apreciar el silencio.

Pero la ausencia de ruido remarca la soledad. Mi escape son las pantallas negras que intentan vender un estilo de vida: se saludable, entrena en casa, compra pesas, ropa, maquillaje, ensaladas, zapatos, carteras, accesorios y juegos. Qué felices son las personas que se quedan en casa jugando y viendo series: “compra Netflix, HBO, Disney+, Amazon Prime”, “compra comida a domicilio”.

La comuna 13 lidera los contagios, salir no es una opción, visitar amigos no es una opción, ver correr a mi perro en su parque favorito ya no es una opción. El tan anhelado regreso a la normalidad se ha convertido en una trampa. Y la enseñanza es que todo cambia sin control.

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