Reseña: 5 discos bumangueses para celebrar la muerte de este año

20 diciembre, 2020 Camilo Carrillo
POR: CAMILO A. CARRILLO MENDOZA

Desde hace al menos unos cinco años cada cierto tiempo me llega el impulso de suicidarme de Facebook y proyecto el plan como un proceso de tres partes, consistente en prenderle fuego a mi perfil con una última publicación incendiaria, eliminarlo sin vacilación y nunca mirar atrás. Hay algo en la fantasía de inmolar mi perfil y salir por fin del pozo séptico digital en el que se ha transformado ese lugar que me llena de sosiego, como cuando logra uno librarse de un plan o una persona maluca. Sin embargo, existen dos razones de peso por las cuales nunca ejecuto la idea. Una tiene que ver con la red de contactos que he construido desde que me uní en el 2007, a través de la cual de vez en cuando me sale uno que otro camellito. Ka-ching, Ka-ching. La otra se encuentra relacionada con una publicación que se repite anualmente, generada por el que probablemente sea el primer amigo que hice por mérito propio en la vida, pero que no voy a nombrar para que no se le suban los humos. 

Todos los diciembres este amigo comparte su ranking de álbumes del año e invita a sus conocidos a hacer lo mismo, estimulando la creación informal de, al menos el año pasado, más de 50 listas de recomendados de todo tipo de música. Es todo un placer pasarse en los últimos días del mes por su muro y ver a tantas personas, amigas y desconocidas, hablando y compartiendo alrededor de algo tan valioso como lo es la música. Por eso este año me di a la tarea de montarle competencia. No, mentiras. Pero sí quise aportar desde este texto lo que sería mi lista de recomendados, apuntando los esfuerzos a continuar visibilizando a los artistas y agrupaciones bumanguesas, pensando en la importancia que tiene para nuestro territorio reconocer, empoderar y hablar acerca de las propuestas artísticas de la ciudad. Por eso, acá va una enumeración sin ningún tipo de orden prioritario de cinco discos bumangueses para que pongan a sonar en la reunión familiar, sea con la biológica o la escogida, y se preparen para celebrar la llegada del año nuevo dándole una patada en el culo al 2020. 


1. Lobotómicos – Si Le Pregunto a Google Me Enfermo Más?

Por puro desparche hagamos el ejercicio de imaginarnos que el Rock de Lobotómicos se apropia de un cuerpo humano. Los invito a pensar en un hipocondríaco que varias veces al mes se la pasa buscando síntomas en internet hasta la una de la mañana y, desvelado ante la posibilidad de un cáncer cerebral grado cuatro, sale a buscar calle y termina volviendo a la casa dos días después, descompuesto. Es también un parcero de todos, alguien en quien contar. No es el que arma la pelea, pero si el que la termina, a veces mediando con palabras y en las ocasiones más extremas, con violencia. Es el pana que eventualmente en medio de la farra se enfrasca en una diatriba en contra de todo y todos y los demás no saben si en el viaje se conectó con una fuente de conocimiento del universo o simplemente ya es hora de acostarlo un rato.   

Esta dualidad, de excitación y pasividad, de fritera y lucidez, es una característica muy propia del parche millenial búcaro. Así se manifiesta también en el Rock de Lobotómicos, a través de canciones que tienen un sonido contundente y punkero, pero que en sus letras demuestran una sensibilidad a otras realidades, dentro y fuera del país, dentro y fuera de sus integrantes. En “Feliz Daño” su vocalista y guitarrista, Julian Quijano o Moncho, como todo el mundo lo conoce, canta: “Ya no quiero quedarme en tus bolsillos como el empaque del dulce que comiste, que no lo botas por falta de canecas. Guardar basura te pone menos triste”. Y remata en el coro: “Yo ya no busco lo que me haga feliz, yo me conformo con lo que no haga daño”. De igual manera, las líricas de este poderoso trío tienen una gran precisión para identificar el pulso de vida y algunos pensamientos colectivos de los alienados que habitan esta ciudad y se la toman de noche. No es por eso raro que en poco tiempo temas de este disco como “Indios”, “Pura Mierda” y “Maduro” se hayan convertido en himnos de la experiencia chirri bumanguesa, con potencial de subir al nivel nacional. 

En otras canciones su mezcla entre Rock y Punk con elementos de Country, à la Meat Puppets, se ve alimentada en este disco por una faceta más experimental, evidenciable en los cortes más oscuros como “Mantequilla” y “La Necesidad”, cantada en esta versión por otro artista bumangués, The Riverman, como nadie más podía hacerlo. Y es esta versatilidad dentro del género lo que permite augurar una larga y sorpresiva vida para esta banda, cuyas pisadas ya se empiezan a escuchar en la escena nacional. 


2. Natural Family Crew – Bucaramaica

La búsqueda y reconocimiento de la música como modo de existir, aceptando una imposibilidad de que algo más se eleve a ese nivel de importancia no es algo fácil o que aparezca de un momento a otro. Sin embargo, en su álbum de larga duración “Bucaramaica”, la Natural Family Crew, agrupación conformada por tres MCs y un DJ, declaran justamente un compromiso con esta exploración. Las referencias a la pluma y el papel como vehículos para continuar cumpliendo con ese llamado se encuentran a lo largo de este disco, el cual vibra con ocho canciones cuyos beats fluyen entre el Dancehall y el Hip-Hop, mientras que las letras se acercan más al universo del Reggae Latinoamericano. 

De igual manera, desde su nombre, este es un trabajo discográfico que habla de una manera muy búcara de afrontar las distintas realidades que convergen en un pueblo grande que lentamente se ha transformado en una ciudad pequeña. Mediante narraciones que agregan momentos de humor y reflexión a situaciones rutinarias o crudas, ElRuido, SetoKing y NiggyFlow referencian a la escena musical local, nos recuerdan lo complicado que es a veces prender un porro y se despachan acerca de su amor por la música. Junto a ellos se encuentra el beatmaker y músico bumangués legendario DJ Trucha, quien produce los ritmos y acompañamientos que propulsan la música de la Natural Family Crew hacia el terreno de lo bailable en la mayoría de cortes de este álbum.


3. Bañista Lunar – El Año de la Rata

Pasar el tiempo encerrados, vivir con miedo y salir únicamente en búsqueda de lo necesario fue la manera en la que muchas personas existieron durante este 2020. Un año de supervivencia, de acuerdo al horóscopo chino, que asocia este inicio de década con el signo de la rata, es también el momento para reagruparse, de contar con lo que se tiene y a los que acompañan. Para Bañista Lunar, banda de la nueva cepa de Rock bumangués que en los últimos tres años ha empezado a surgir entre toques, merca y plataformas de streaming, “El Año de la Rata” es el nombre del álbum con el cual le apuestan a consolidar un sonido casado con la potencia del Grunge y embellecido con la sensibilidad lírica y melodiosa del Shoegaze, capturando una angustia hija de los 90s que se nutre de la experiencia de sentirse atrapado. 

Este es un disco en el cual, a excepción de uno o dos temas, se siente una fuerza confrontacional que permea las canciones y a la vez deja ver en sus integrantes una emotividad y respeto hacia el Punk, su hermano el Hardcore y su primo digievolucionado el Post-Hardcore. Son escasas las ocasiones en las que el trío deja respirar al oyente durante los 40 minutos de duración del LP y para el momento en que las dinámicas varían en el puente de “Ideal” o cuando llega “6 de Abril”, se agradece el momentáneo descanso. Y es que, de cierta manera, la balanza se encuentra bastante inclinada hacia los elementos característicos del Rock Alternativo, dejando poco espacio para que se desarrollen aquellas particularidades propias de la agrupación que son cautivadoras. Por ejemplo, la vulnerabilidad despreocupada que Bañista Lunar logra traducir sonoramente en “Partiendo”, a través de llevar la voz de su vocalista a lugares no tan seguros y explorar otro tipo de energía rítmica. 

La apuesta de mostrar todas las cartas con un disco de larga duración, en el cual se celebra la evolución de una banda que se aleja de las influencias rockeras convencionales para los oídos búcaros, es un riesgo que se debe aplaudir. Cada vez más faltan agrupaciones en la ciudad que se alimenten y sinteticen otros momentos de la amplia gama de matices que viven en el Rock, que no se conformen con lo que dicen en Rompan Todo y que aun así puedan contarnos historias del lugar en el que vivimos. De pocas partes del país me imagino saliendo a una banda, que para hacerle pistola al dueño de un venue por cerrarles las puertas debido a una fiesta de Reggaetón, le dedican un dembow de guitarras distorsionadas. Y solo de un lugar puede surgir una canción en la que alguien le dedica su amor a la pareja invitándola a comer pescado y caminar de la mano por el puerto de Barrancabermeja. 


4. Varios Artistas – Fuego en la 33 

En conjunto, la sonoridad de “Fuego en la 33” presenta rumbos poco explorados por la música local, un adelanto de lo que podría ser el futuro del sonido búcaro. No quiere decir lo anterior que a este disco lo compongan piezas vanguardistas, fritas o yoko-onescas. Las melodías contagiosas están ahí, al igual que la sensibilidad jazzera y pop que encuentra quien busca en la discografía de Bucaramanga. Pero, esta vez, estos recursos vienen cargados de una experimentación muy interesante para una urbe en la que priman las guitarras distorsionadas y los acordeones estridentes. Y es esta libertad exploratoria la que termina definiendo la personalidad del disco y une a las agrupaciones participantes.

Al disco se le dio el nombre de “Fuego en la 33” como un guiño a la nomenclatura de una de las arterias viales más transitadas de la ciudad, y para insinuar que así como el fuego es clave para sostener la biodiversidad en la naturaleza, este álbum complejiza el ecosistema sonoro de la capital santandereana a través de nueve canciones que queman cada una a su manera.

(Leer la reseña completa aquí)


5. EL NIDO – SAGRADO

Si había algo que no sabíamos que hacía falta en Bucaramanga y, sin embargo, al llegar se sintió como un refrescante vaso de agua fría cuando se tiene sed, fue el disco de Hip-Hop que dejó caer la agrupación El Nido en el 2020. Bajo el nombre y concepto de “Sagrado”, los MCs florideños construyeron un monumento al género nacido en norteamérica con una calidad y esfuerzo sin contendientes en nuestro territorio. Este álbum, además de encontrarse lleno de confesiones, historias y apartes de la biografía de cada integrante de El Nido, es una invitación a decodificar la ciudad y el universo de una agrupación lista para dar el siguiente paso.


SOBRE EL AUTOR:

Camilo A. Carrillo vive en Bucaramanga y acompaña como abogado y gestor a varios proyectos culturales de la ciudad. Es co-director artístico de Municipal – Música Viva, productor de eventos y socio fundador de dos entidades sin ánimo de lucro enfocadas en el fomento y reconocimiento de los procesos de creación artística de la región santandereana. Aspira a ser escritor, músico y creador audiovisual.  

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