La Bonita

2 octubre, 2020 ANA JHANCY MOYA
Por: Ana Jhancy Moya

Miro por el balcón de ese cuarto piso y veo esta imagen, la de aquella ciudad que de lejos me vio crecer. Me acerco al balcón y saco mi celular. Clic, clic, clic; tomó varias  fotos, descarto muchas y sobrevive esta que os comparto. Mientras la observo pienso “¿Qué escribir?, ¿qué canción me hace recordar este espacio de Bucaramanga?, ¿qué me hace sentir esta imagen?”. Llegan a mi mente mil cosas, me quedo divagando por unos segundos y de un momento a otro me despierta un escándalo. No es el bullicio de la ciudad, no es aquel pitar de los buses, carros, taxis y mototaxis que se escucha cuando estás en la 33 con 52 (si no se ubican, son más o menos siete cuadra más abajo del parque San Pío) pero no es aquello. Por el contrario, es el pito descontrolado de un auto y el escándalo del conductor lo que me hacen volver a la realidad. Agudizó mi mirada y detectó al gritón, es un tipo en una camioneta blanca,no para de pitarle a alguien y gritar. Giro un poco la cabeza y la veo a ella, una mujer joven entre 25 y 28 años, creo. Se dirige al auto intentando esquivar los carros mientras el tipo grita y pita. Aunque ella intenta llegar al auto lo más pronto posible, saltando con sus tacones, el tipo sigue pitando y gritando de una forma descontrolada. Se nota la rabia en su voz cuando le grita, hasta que ella llega, se sube al auto y se marcha. Se hizo un mini trancón, aunque si han pasado por la 33 saben que cualquier interrupción se convierte en un caos en unos segundos. Vuelvo a mi foto y pienso cuántas mujeres están sufriendo detrás de los cristales de todos esos grandes y frenéticos edificios plasmados en aquella imagen. Cuántas mujeres, niñas y adolescentes sufren en silencio en aquellos bellos edificios que muchas solo alcanzamos a ver a lo lejos desde el balcón de la casa de una amiga.

Poco tiempo después se anuncia la pandemia e inicia la cuarentena en Colombia y con esto se agudizan los casos de violencia hacia las mujeres; y el mundo conoce la cruda realidad. Ni las casas son espacios seguros para nosotras, para ellas, para todas las mujeres que la violencia las ataca día a día en sus hogares. Leo las noticias y solo en los primeros 30 días de aislamiento obligatorio las llamadas de emergencia aumentaron en un 553%, según el Observatorio Mujeres. Las mujeres sufren a diario múltiples tipos de  violencias, no sólo en las calles y sus trabajos, también en el lugar donde ellas deberían sentirse seguras, sus hogares. El aislamiento ha puesto en evidencia que vivimos en una sociedad machista, donde la violencia de género  no cesa, ni se atenúa, solo se potencia. Me pregunto: “¿Qué estamos haciendo todos y todas desde nuestro actuar personal para evitar que esto siga creciendo durante y después de la pandemia?”.  

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