Ires y venires de la masculidad

07/15/2021 Carlos Ulloa Rivero
POR: CARLOS ULLOA RIVERO

Flacidez, erección, flacidez:
el niño, el macho y el viejo se encuentran.
Ternura, arrechera y frustración,
el roce del viento sabe torcer toda afilada flecha. 
Fantasía, desgarro y conciliación,
a diario se yergue el niño hasta que maltrecho queda.
Oh, flacidez, sosiego de la erección,
por ti el niño, el macho y el viejo finalmente se encuentran.

Antiguo proverbio sumerio inventado. 

 

Mi postal es una loa a los ires y venires de la masculinidad, desenmascarada en toda su pobreza por el grito liberado de la diversidad sexual y de género (así como los anatomistas desenmascaran sin pudor nuestras venas y tripas). Atrapados en la erección, los hombres heterosexuales solemos medirnos por lo que se hincha en nosotros, por la sangre que se concentra, por lo que nos acalora. Somos un pene erecto, algo menos que un tótem, o una rama caída de algún árbol, rota, pero aún rígida. Somos una arrechera estúpida porque el macho solo es macho cuando logra esconder su erección dentro de una mujer, así sea por un instante. Bienvenida entonces la flacidez si ella nos hace más empáticos y menos competitivos; bienvenida la flacidez si nos reconcilia con el tiempo que somos, con la vulnerabilidad que fuimos y que seremos.

 

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