Hermanos Menores – Las Ciudades Devoran Pueblos

09/02/2019 Camilo Carrillo
Por: Camilo Carrillo

Contundente

1. adj. Dicho de un instrumento o de un acto: Que produce contusión.

2. adj. Que produce gran impresión en el ánimo, convenciéndolo. Argumento, razón, prueba contundente.

3. adj. Perú. Dicho de un alimento: Que sacia.

Suenan los primeros segundos de su nuevo álbum Las Ciudades Devoran Pueblos, y el trio bogotano Hermanos Menores ya me ha engullido, dado cien vueltas en lo que imagino como un gran estomago/lavadora y regurgitado de vuelta a mi cuarto, donde suelo escuchar la mayoría de cosas que suelo escuchar. Digo cosas porque no es una actividad que reservo exclusivamente para la música. En algunos ratos libres trabajo como traductor y transcriptor de frilo, entonces también me dedico a pararle oreja a largas conversaciones, conferencias, charlas, paneles, etc. A veces me llegan tareas que son más compilaciones de los sonidos producidos por el mundo que palabras cruzadas o dirigidas a humanos. Audios de un árbol cayendo y a la distancia los gritos de júbilo de explotadores madereros, para luego pasar a aves graznando y finalizar con algunas palabras por parte del jefe de la cuadrilla de taladores. Suena aburridísimo, lo sé, pero a mí me pone en un trance de los buenos y además me da un ingreso extra para consumir música, la cual en ocasiones me recuerda a los audios que describí arriba y viceversa, en el sentido de que son piezas hermosas cuyo contexto no conozco enteramente, pero a las cuales decido entrarles de manera activa, por pasión o simple curro. 

Esta es una de esas veces en las que la música de inmediato me lleva a interesarme en el contexto. Por ejemplo, en quienes serán esas personas que coinciden en explorar los sonidos abrasivos, descorteses, mutantes (porque mudan) y contundentes que estoy escuchando. El género importa, pero no siempre. En esta oportunidad prefiero remitirme a los sonidos de una máquina con bioprocesadores que gira hasta la velocidad máxima permitida por sus engranajes de carne. Sé que se llaman Daniel, Alejandro y Sergio, pero ¿quiénes son y por qué hacen música tan chimbita? 

No debe ser fácil presentar canciones como Piélago, como Cusumbosolo, como La Tola No Es La Tola frente a un público colombiano, desacostumbrado en su gran mayoría a canciones espinosas al digerir, con cambios bruscos y composiciones desmedidas. Acá no hay pulpita pura de armonía, ritmo y melodías en el sentido convencional de la cosa. Esta no parece ser música hecha para el país en el que estamos y, de hecho, se nota un desarraigo por parte de la banda con Colombia. En un lugar donde el grueso de los artistas independientes se encuentra en un constante afán por “pegar” sus temas, es refrescante encontrar personas que se hallan en un constante estado de movimiento. Tocar, girar, moverse y crear. Por eso, no me sorprendería que este disco vaya a pasar desapercibido por el grueso del público que presta sus oídos a los cientos de proyectos que nacen y mueren cada año en Colombia, ya que aquí hay que detenerse a buscar un poco y está bien que eso no sea un plansote para todo el mundo, pero vale la pena hacer la tarea y reconocer los grooves, totalmente bailables y cabezeables, que existen al interior de este álbum. Ejemplo claro: la totalidad de Mañoco y su base rítmica dancepunkera que no deja mirar para atrás. O el corte áspero de Apoteosis en el Ombligo de la Luna, reminiscente del canto del cisne que termino siendo And We Washed Our Weapons In the Sea de la banda norteamericana Frodus, con sus líneas de bajos prominentes, metálicos y carrasposos. Si estos grooves existen en el disco grabado, cuya energía de registro en bloque beneficia en demasía al sonido del producto, no me imagino la experiencia de ver en vivo a esta agrupación. De las voces capitalinas que he escuchado o leído, todas coinciden en que son imperdibles. Ajeno a esta falta por mi parte, considero que el álbum es importante para el momento actual de la música en Colombia, por ser una de las razones para continuar amando los eternamente expansivos límites de lo que se puede hacer con un bajo, una guitarra y una batería. Hay música que es como la comida, que con ingredientes básicos llena una necesidad primordial que sentimos por dentro pero no es tan fácil de identificar como el hambre. Solo sabemos que se encuentra satisfecha cuando eso mismo sucede y todo gracias a una sucesión de sonidos creada por otros seres iguales a uno. Hay música que llena, sí, pero hay otra que sacia. 


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