Hay historias que no encuentras en ningún libro y te hablan de la ciudad de otros días

5 septiembre, 2019 Ana María Trujillo
Por: Ana Trujillo

En ellas se transmite esa misma sensación que me da la ciudad hoy, abrasiva y apabullante. Un orden de las cosas, un horizonte de líneas de concreto imponiéndose a la brava sobre la efervescente geografía y su juego de exuberancia y aridez.

Las historias me las cuentan esos testigos de otros tiempos. Nacer en los cuarenta, crecer en los cincuenta y abrirse al mundo en los sesenta con ganas de romperlo, de distorsionarlo todo; esa fue la generación que les tocó en suerte. Un grupo de amigos que serían luego, además de amigos, artistas: cada uno con su manera particular de ver, transformar, plasmar y resistir. Una vanguardia –que ya no liberal, sino más bien libertaria– que quiso y soñó una ciudad diferente.

Una en la que pudiese uno toparse estas escenas sin mayor extrañeza; el hombre que pasó meses picando piedras en La Casa del Diablo para construir un mosaico hiperbólico que le devolviera ese impulso vital, vibrante e instintivo al imperio del concreto (¿Ironía que esté del otro lado de un centro comercial?), sentado al piano en plena autopista frente a su gran obra.

Se llamaba Jorge Iván Arango. Lo fotografió Oscar Martínez.

Este es uno de tantos instantes fugaces de tantas historias pendientes. 

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