Cuando el tiempo se detiene y sin embargo el mundo sigue en movimiento

29 septiembre, 2020 Natalia Ardila Vega
Retrato de mi padre mientras pinta, 20 minutos de exposición
Por: Natalia Pinilla Rodríguez

Hacer arte en tiempos de pandemia, en confinamiento, en un momento en el que pareciera que a pesar de tener que guardarnos tenemos que ser productivos y mejor aún reinventarnos, y salir con algo nuevo y aprendido en estos momentos angustiantes de encierro; no es nada sencillo, significa modificar muchos hábitos y rutinas que muchas veces enriquecen nuestros momentos creativos. Lo cierto es que durante esta pandemia tuve que aprender a lidiar no solo con mis reflexiones sino con las de mi padre, un adulto mayor de 76 años acostumbrado a caminar todos los días y respirar aire puro para poder mantener su corazón sano. Ambos tuvimos que tomar nuestras mejores herramientas para hacer de este confinamiento algo medianamente sano para nuestra salud mental. Él a través de la pintura y yo a través de la fotografía. Tratando de entender los tiempos que conlleva cada una y la magia que se produce. Él, aunque sigue sin comprenderlo, prestaba atención al proceso de la fotografía estenopeica en toma y en el revelado en el laboratorio. En este intercambio de conocimiento, desde nuestras artes, empezamos a comprender los tiempos de cada cosa. Al final mi papá posa para las fotos estenopeicas -que en muchos de los casos en interiores pueden tardar mínimo 30 minutos de exposición-, me toma los tiempos y se sorprende como un niño al ver la imagen revelada que fue tomada con una lata de galletas.

Bruja Roja, Mayo 2020 

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