Bucaramanga y sus colores

10/03/2019 Mila Bahamón
Por: Mila Bahamón / @milabahamón

“Cosas nuevas, pero…” es la conclusión de una conversación con Edson en la cual debatíamos si él sentía que Bucaramanga había cambiado últimamente. Yo sé que nadie me lo está preguntando, pero igual lo voy a responder. En mi caso, siempre he percibido a esta ciudad como una gama de colores primarios que muy pocas veces se deja mezclar o confundir con otros. El rojo conforma toda su gente, acelerada, ensimismada en sus días, sumergida en sus rutinas y tenacidad. Si escaneo a la población del lugar donde nací, la mayoría de veces he tenido reparos por su falta de sensibilidad, sin intenciones de generalizar. A veces pienso que son los veintiocho grados del mediodía, el tiempo que no regresa de los trancones y el sudor que nos hace perder el tacto. Este rojo también cobija sus calles azarosas, su falta de miedo y sus mujeres aguerridas. 

Al transitar estos lugares de siempre, en medio del montón hay una fluidez azul, que en sus calles se siente desde el Centro, pasa por el Puente de la Novena, se desplaza por las arterias viales y se extiende a su Área Metropolitana, que en ocasiones, maravilla o encabrona a todo aquel que las afronta.

El azul y el amarillo sí saben cómo mezclarse y desembocan en un verde vívido que representa todos los corazones de vegetación que ha podido conservar la ciudad. Digo que ha podido conservar porque cada vez menos se siente la sombra, el viento y el fresco que sólo tienen la capacidad de brindar las hojas. La ciudad ha cambiado para que sus transeúntes tengan más caminos de asfalto, más espacio para sus carros y senderos de cemento. 

El morado, que es el resultado exitoso de otra mezcla, logra resplandecer con la evolución de algunas cabezas y dinámicas de su gente. Han pasado años desde que “La Ciudad Bonita” dejó de estar estancada en su mismo lodo de pensamientos cuadriculados, dinámicas arbitrarias, falta de tolerancia y mentes rígidas por los cambios inevitables de sociedad. 

Cada vez más esta evolución sale a la luz: Debates políticos públicos, movilizaciones por causas justas, denuncia de malas conductas, espacios y movimientos culturales dedicados a la promoción de nuevas propuestas artísticas y musicales, más educación independiente y sustentada por manos propias, más juntanzas de hombres y mujeres para el cambio, mayor respeto por el prójimo, empoderamiento por acciones y pensamientos disidentes de género, más amor en público, menos odio en las calles.

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