1200 – 2020

29 septiembre, 2020 Maria Camila Núñez
Por: María Camila Núñez

‘‘No va a pasar nada, eso va a ser como con la gripe porcina. Acá ni llegará’’. Estas palabras salieron de mi boca cuando empecé a ver las noticias del COVID-19. Escuchaba y veía todo terrible pero lejísimos e improbable. Las primeras semanas fueron las más duras, no es que hayan dejado de serlo pero ahora hay cierta ilusión de tranquilidad. Para una persona con ansiedad clínica el no saber qué va a pasar, sumado al encierro, puede volver los días interminables y los estados de ánimo más efervescentes de lo normal. 

Como historiadora pienso constantemente en las personas que tuvieron que vivir por meses y hasta años en pequeñas habitaciones porque su vida dependía de ello. Tengo que recordarme que la tengo muy fácil y que no está tan mal pasar el encierro voluntario en una casa con todos los lujos. Si tan solo fuera tan fácil… El perpetuo autosabotaje producido, entre otras cosas, por la interacción de las sustancias de mi cerebro puede llegar a hacer de las tareas más simples toda una odisea. Siento que ya digerí por completo esta experiencia. Creo que ya pasé por todas las emociones, reacciones y las reflexiones posibles. 

A pesar de las jornadas de llanto, de no ver nada positivo y de apretar la mandíbula inconscientemente, pasó algo tremendo, en el mejor sentido de la palabra. Me he enamorado del siglo XIII. La Edad Media nunca fue algo que me emocionara mucho. En la universidad tuve de profesor a Abel López, una persona que lleva el medioevo y la docencia en el corazón. Me imaginaba que cuando llegaba a su casa se ponía la cota de malla y se ponía a contemplar el Santo Grial. A pesar de pasar por la clase de Europa medieval con el grandísimo Abel, nunca hice click con el periodo. Pero así son las cosas, pasan cuando tienen que pasar, en su debido tiempo. 

Este nuevo amor surgió gracias a San Francisco de Asís y a la biografía publicada por Jaques Le Goff. También llegó gracias a ‘‘La muerte del rey Arturo’’ y ‘‘La búsqueda del Santo Grial’’. El primero tiene la culpa por su discurso de compasión y amor por todos los seres vivos en medio de un contexto papal que veía enemigos y al diablo en todos lados. Por otro lado, los libros mencionados son exponentes de un imaginario que hasta el día de hoy se consolida en lo que las personas creen que fue vivir el siglo de los caballeros (como lo llama Georges Duby). Sin estas circunstancias extraordinarias y pandémicas creo que nunca hubiera llegado a esta pasión. Amaría tener más de 500 caracteres para hablar de este nuevo enamoramiento. Lo bueno es que me queda el espacio para poner un collage que hice con el yelmo puesto y un libro en latín debajo del brazo, texto que luego se traduciría en vernacular para el disfrute de las masas.

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